Almorzamos en lo de mi madre, en Punta del Este, Ju
y yo, con Jota y Sofi, y mi mamá, claro. Luego volvimos a la chacra, queríamos navegar.
Había poco viento, y las algas en la laguna están proliferando, como en el Río
Negro. Las algas se atascaban en la hélice, y no nos dejaban avanzar, teníamos
que detenernos cada pocos metros a limpiar la hélice. Aparentemente son los
fertilizantes que usan las plantaciones de soja que terminan saturando los ríos
y arroyos –que además de tener las graves consecuencias sociales del
monocultivo- saturan también los espejos de agua, agua que toma luego la
población. Las algas invaden las lagunas por la enorme cantidad de nutrientes
que aportan los fertilizantes y rompen el equilibrio ecológico, contaminando el
agua con sustancias tóxicas para el organismo humano. El riesgo peor es que
además terminen contaminando el Acuífero Guaraní, el mayor reservorio de agua
potable de América. Y todo porque a las multinacionales que plantan soja no les
importa nada más que ganar unos millones de dólares. Pena que los billetes no
se puedan beber. Pena que les importen más los billetes que la vida.



